lunes, 9 de marzo de 2009

Juan Díaz de Garayo "El sacamantecas"

Antes de que Jack el destripador sembrara el terror en el Londres Victoriano de 1888, un campesino alavés se le había adelantado, ostentando ser el primer asesino en serie de la Historia. Juan Díaz de Garayo asesinó y violó a seis mujeres de edades comprendidas entre los 13 y 52 años entre los años 1870 y 1879 en los campos de Álava, amén de otros intentos no consumados.


Su “modus operandi” siempre era idéntico. Abordaba a las mujeres en plena calle forzándoles a mantener relaciones sexuales con él. Cuando se resistían les estrangulaba y les desgarraba el vientre con un cuchillo extrayéndole toda la grasa del cuerpo.

Su primera víctima fue una prostituta, a la que Garayo acompañó siguiendo el curso del río Errekatxiki. Ocurrió el 2 de Abril de 1870. A las afueras de Vitoria le ofrece tres reales a cambio de mantener relaciones sexuales con él. La mujer le solicita cinco, y no satisfecho con ello, Garayo se abalanza sobre ella estrangulándola y ahogándola en la ribera de un arroyo. Un criado halló el cadáver al día siguiente. La víctima fue identificada, pero el caso se cerró ante la falta de pruebas, algo que se convertiría en una constante en el resto de sus crímenes.


El 12 de marzo de 1871 comete su segundo asesinato. La victima se trataba de una mujer viuda a la que convenció para mantener relaciones. Se trasladaron hasta las afueras de la ciudad, y la historia volvió a repetirse. Él le ofreció poco dinero, ella pidió más, discutieron, y en medio de la disputa la estranguló. Las autoridades tampoco lograron esclarecer el caso, que cayó en el olvido.

La tercera de sus victimas fue una niña de tan sólo trece años a la que el 2 de Agosto de 1872 violó y asesinó.

El 29 de Agosto de 1872 vuelve a asesinar, esta vez a una joven prostituta.

Tras siete años sin matar, los días 7 y 8 de Septiembre de 1879 finaliza su sangrienta carrera antes de ser detenido, matando a una joven y a una mujer de 52 años.

Varios intentos frustrados se suman a esta larga lista de asesinatos.

¿Pero era realmente la agresión sexual sobre sus victimas lo que le movía a matar?

A finales del siglo XIX la creencia popular sostenía que con las grasas del cuerpo se sanaban algunas enfermedades. Para ello se fabricaba una especie de ungüento con las entrañas de las personas. En aquella España negra, oculta y ancestral, las familias adineradas fueron capaces de pagar grandes sumas de dinero a gente sin escrúpulos que mataban para sacar la grasa y así poder utilizarla para sanar enfermedades.

Díaz de Garayo fue uno de estos “Sacamantecas” a los que se les encargaba extraer el unto de las víctimas a cambio de unas monedas.



En el juicio afirmó que una noche mientras dormía en su chabola, recibió la visita de una sombra negra, el mismísimo diablo, que le ordenó cometer aquellos crímenes.

En el informe forense de Bernardo de Quirós se recogía; “ Su cráneo, su frente parece la de un neandertal. Mandíbulas prominentes. Es un macho brutal, un monstruo. Su rostro está lleno de asimetrías. Un enigma de la moderna antropología. Y en los crímenes algo extraño le ha obligado a actuar. El dice que ha sido el demonio.”

Ramón Apráiz, un prestigioso médico alavés, junto a once colegas dictaminaron que no existía en Díaz de Garayo enajenación mental, siendo perfectamente consciente de lo que hacía.

A las ocho de la mañana del 11 de Mayo de 1881, en el polvorín viejo de la ciudad de Vitoria, se le cubrió la cabeza al sacamantecas con un capuchón negro y se le rodeó con un collarín de hierro. El verdugo más famoso de la época llegado desde Burgos, Gregorio Mayoral, comenzó a girar el torno hasta que se le quebraron las vértebras cervicales y el sacamantecas murió asfixiado. El garrote vil había puesto fin a uno de los mayores sanguinarios que nos ha dado la Historia de España.


("Garrote vil de la época")


Su cadáver se expuso públicamente para el “macabro” goce de aquellos vecinos que deseaban verlo muerto, y fue enterrado en una fosa común del cementerio de “Santa Isabel” en Vitoria

Varios antropólogos de Bélgica y Suiza viajaron hasta Vitoria para observar el cráneo de aquel asesino totalmente desproporcionado.

En el norte de España durante décadas se ha utilizado siempre la misma frase para asustar a los niños: “¡Que viene el Sacamantecas!".

3 comentarios:

  1. j.a.de.apraiz@hotmail.com28 de abril de 2009, 1:22

    Mi tio abuelo Ramon de Apraiz escribio en 1988 al resperct El Sacamantecas ¿es cuerdo o loco?

    ResponderEliminar
  2. Mi abuelo fue verdugo, después de la guerra civil española

    ResponderEliminar
  3. el sacamantecas fue me parece un tio abuelo mio

    ResponderEliminar